jueves, 9 de abril de 2020

Papeles para Trilce. II



Qué hay, Tril.

Siento que quizá entenderías todo y sería menos culpable de esto que me pasa. Pero cómo acudir desnudo y maniatado...
Tengo algunos versitos por aquí: 
Con el paso de los párrafos llegan los besos pequeñitos, la salita, la frente corvada, los labios menudos, la pierna encogida, el ombligo como retraído. 

Las carpetas están llenas de dibujitos y de poemas y de versitos así. Escritos en ciudades distintas muchos de ellos. Para mí son como escupitajos al cielo. Pero creo que no son malos. Sinceramente he perdido la potestad para determinar si te gustarían. Quiero creer que al menos los leerías un par de veces. A veces vuelvo a soñar con escribir, el césped y la felicidad de la primera vez, te acordarás porque estuviste delante, y bueno, a veces vuelvo allí y no llegaba a imaginar esto. Siempre lo intuí, pese a todo. Al final resulta que la imagen se diluye y ha pasado el tiempo, tiempo perdido que seguimos perdiendo en pos de vete tú a saber qué. 

Cada vez que voy a Madrid me acuerdo de tu figura sin saber bien cómo. Sabía de Carabanchel por esas historias contadas a ras de parque, mientras las cumbias retumbaban cuando las fuentes se apagaban. Imaginé que te reías de las hordas de borrachos con acentos exóticos que vociferaban entre Vistalegre y el Gómez Ulla. Pero se disipaba todo rápido porque la imaginación es pendenciera y luego cobra forma en conciencia maltrecha. Precisamente en Madrid, pero en un balcón que daba a otros muchos, esta vez en Opañel, creo que te distinguí en el baño de un séptimo piso, y me asusté.

Por eso tengo cartas escritas con estos sellos de marca de vermut.

Un besito allá donde guardes los tuyos ahora. 
Seguro que en una cajita de cartón.
Adéu.

PD: Te dejo una foto de mis paseos por el barrio. 

Fragancias que son puertos en la ciudad.

Una perogrullada que no desentona, que te acoge como un abrazo mañanero, cuando las campanas de la parroquia doblan por algún muerto del pue...