Ese vértigo inconstesable reaparece en situaciones y en paseos. Porque el tiempo no es lo importante, es la distancia entre el mismo lo que molesta, no se entiende, no se ajusta y es algo ruinoso, ciertamente.
Eran las seis y media de la mañana, hace un ratito, no he dormido nada. Tengo textos que muevo por aquí en la pantalla. Llevaba varias latas que habían decidido alojarse en el entrecejo, decidí salir a por una más a la gasolinera 24 horas. El aire fresco me gustó tanto que caminé la avenida sin dejar de mirar las aceras, el ambiente. Gusto de atajar por zonas residenciales porque soy adicto a ese vértigo, a esa creencia. Aquella vez con la argentina fue la primera, algo que soy incapaz de olvidar pues el sentimiento ha ido siendo recurrente, la vez que elegí los colores de mi paleta. La sacudida ha aparecido desde entonces, ya no con ella, porque he logrado amar otras veces, y siempre es incontestable, no admite tregua ni prórrogas, es la necesidad misma de actuar, liberar las palabras.
Me he acabado la lata, creo que la depresión sigue mi estela, me he acostumbrado un poco. No sé por qué la frase referencia a Russell, pero como el maestro, cito de memoria y creo que todo esto tiene que ver con este poquito, no sé si ha quedado claro.